ECOLOGÍA
- CAMBIO CLIMÁTICO
DEFINICIONES
EN LA WEB
Se
llama cambio climático a la variación global del
clima de la Tierra. Tales cambios se producen a muy diversas escalas
de tiempo y sobre todos los parámetros climáticos:
temperatura, precipitaciones, nubosidad, etcétera. Son
debidos a causas naturales y, en los últimos siglos, también
a la acción del hombre.
es.wikipedia.org/wiki/Cambio_climático
fenómeno
acelerado por la humanidad que se refleja en un aumento de la
temperatura media de la Tierra, y que se debe al aumento del efecto
invernadero, por el exceso de emisión de gases contaminantes
derivados de la combustión de energía fósil
o de procesos industriales
www.debtwatch.org/cast/herramientas/glosario/index.php
Calentamiento
progresivo de la temperatura media de la Tierra. No hace referencia
a un cambio de clima, ni a un cambio en las características
del clima, sino a un acercamiento a umbrales de humedad, precipitaciones
y temperatura que pueden hacer cambiar el clima.
club.telepolis.com/geografo/glosario/c.htm
Fenómeno
ambiental cuyo efecto principal es el recalentamiento de la superficie
terrestre y sus causas se relacionan con actividades humanas que
están alterando la composición de la atmósfera
al aumentar la concentración de los gases que producen
el efecto invernadero. Ver: UNFCCC.
www.peruecologico.com.pe/glosario_c.htm
Es
un cambio de clima atribuído directa o indirectamente a
la actividad humana que altera la composición de la atmósfera
mundial y que se suma a la variabilidad natural del clima observada
durante períodos de tiempo comparables.
www.ondl.gob.ni/glosario.html
Alteración
de los factores que caracterizan el clima como consecuencia de
la acción del hombre, favoreciéndose un calentamiento
global. Entre sus causas fundamentales se encuentra la producción
de CO2 y otros gases de efecto invernadero, en aumento constante
desde la Revolución Industrial.
www.cpoyato.com/glosarioplantas/glosarioC.htm
fuente
www.google.com
La
Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio
Climático usa el término cambio climático
sólo para referirse al cambio por causas humanas:
Artículo 1, párrafo 2
Por
'cambio climático' se entiende un cambio de clima atribuido
directa o indirectamente a la actividad humana que altera la composición
de la atmósfera mundial y que se suma a la variabilidad
natural del clima observada durante períodos de tiempo
comparables.
fuente:
wikipedia
EL CAMBIO CLIMÁTICO YA SE NOTA EN LA ARGENTINA
*por Cristian Frers
El
cambio climático es la mayor amenaza ambiental del siglo
XXI, con consecuencias económicas, sociales y ambientales
de gran magnitud. Todos sin excepción; los ciudadanos,
las empresas, las economías y la naturaleza en todo el
mundo están siendo afectadas.
El clima siempre ha variado, es dinámico, no permanece
estable y siempre han existido variaciones. El problema del cambio
climático es que en el último siglo el ritmo de
estas variaciones se ha acelerado mucho, y la tendencia es que
esta aceleración va a ser exponencial si no se toman medidas
que lo controlen. El ritmo desbocado de esta modificación
climática tendrá como consecuencia grandes alteraciones
físicas, como la elevación del nivel del mar, enormes
deterioros ambientales y serias amenazas para la humanidad, así
como extensión de enfermedades, daños por acontecimientos
climáticos violentos, pérdida de cosechas, disminución
de los recursos hídricos, entre otros problemas.
En el terreno de la razón, hay que reflexionar sobre algunas
evidencias como:
-
Se elevó el dióxido de carbono en la atmósfera
a un nivel superior al que hubo en los últimos cientos
de años.
-
Los
hielos eternos han dejado de serlo: se están descongelando.
-
La
temperatura mundial aumentó a un promedio de 0.6 C por
encima de los registros de los últimos siglos.
-
Las
capas de hielo del Ártico adelgazaron entre 15 y un 40%
en los últimos 30 años.
-
Los
glaciales se derriten o retroceden.
-
Los
océanos se calientan y las costas se erosionan más
ligero.
-
El
16% de los arrecifes de coral del mundo han muerto o agonizan.
-
Los
bañados, esteros, lagos, lagunas y otros humedales se
achican o desecan.
-
Aumentan
las lluvias y el impacto de las inundaciones.
-
La
primavera se adelanta. Las plantas florecen antes de tiempo
y las aves nidifican prematuramente.
Los climatólogos y los ambientalistas vienen observando
con atención los efectos del cambio climático en
Sudamérica, en especial en Argentina. Las consecuencias
pueden ser muy variables, pues se conjugan con otros factores
estacionales, ambientales, geográficos, demográficos,
sociales-, y con malas prácticas productivas.
En la República Argentina, con su inmensa variedad de suelos
y climas, no se queda afuera de estas proyecciones climáticas.
Al parecer, aquí los cambios serán cada vez más
crecientes y tendrán un fuerte impacto económico
y social. La Pampa Húmeda y la región mesopotámica
padecerán más inundaciones, con el consiguiente
perjuicio en la producción de cultivos. En el Cuyo y el
Noroeste aumentará la aridez y la Patagonia sufrirá
el retroceso de glaciares aunque podrá ahorrar en calefacción:
sus inviernos ya no serán tan rigurosos. Así, generalizando,
gran parte de nuestro territorio tendrá inviernos más
templados, veranos más sofocantes y una Ciudad Autónoma
de Buenos Aires casi, casi tropical. Con lluvias breves e intensas,
seguramente los pulóveres de lana gruesa y las camperas
más abrigadas pasarán definitivamente a cuarteles
de invierno.
En promedio, la temperatura aumento un grado en el territorio
argentino durante el último siglo. El promedio de 14 modelos
climáticos prevé un incremento de 1,5 grados más
para el año 2030 en el norte del país donde
las zonas de calor se harán más severas-, y de 0.7
grados en el extremo sur.
En la desembocadura del Río de la Plata, el mar creció
17 centímetros durante el siglo XX, y se estima que a lo
largo del siglo XXI podría subir otros 50 centímetros.
El doctor Vicente Barros, del Centro de Investigación del
Mar y la Atmósfera de la Facultad de Ciencias Exactas de
la UBA, expreso que El cambio climático no hará
sino anticipar los problemas que podría tener la Argentina
a largo plazo en materia energética y del uso del agua
y del suelo, por lo que las medidas a adoptar, en buena parte
coinciden con la respuesta que el país debe enfrentar en
esos sectores. En el caso de la energía, las soluciones
a largo plazo pasan sobre todo por su uso racional y por el desarrollo
de energías renovables. En algunas provincias Salta,
Santiago del Estero y Chaco- habrá que frenar ya la deforestación,
para evitar que las tierras desmontadas no sirvan ya para la agricultura
y se desertifiquen.
Hay quienes expresan que, como no estamos seguros de cómo
será el cambio climático, debemos hacer poco o nada.
Lo cierto es que un gran número de personas se niegan a
aceptar los hechos. Menos, aún, están dispuestas
a considerar que ellas tienen algo que ver con el asunto. Lo más
sencillo psíquica y políticamente es interpretar
lo que a uno le gustaría interpretar, o bien patear la
pelota afuera del campo de juego.
Mi opinión personal es que la incertidumbre debe hacernos
actuar hoy, no mañana ni pasado, más resueltamente.
Según la Organización Meteorológica Mundial,
la concentración de dióxido de carbono (CO2) en
la atmósfera llegó a un nivel récord en el
año 2005. El 62% de las emisiones de gases que causan el
efecto invernadero corresponden al dióxido de carbono.
El actual Protocolo de Kioto no permitirá estabilizar estas
concentraciones, sino que a lo sumo frenará el crecimiento.
Precisamente, lo que se debe discutir son las medidas a tomar
después del 2012, cuando expire nombrado Protocolo.
El calentamiento del planeta es uno de esos casos poco comunes
en que la comunidad científica siente más miedo
de lo que puede estar ocurriendo que la población en general.
Los científicos han vislumbrado lo que el futuro puede
reservarnos.
Se ha comunicado que Exxon ha financiado a supuestos grupos de
expertos para socavar la confianza en los datos científicos
sobre el calentamiento del planeta, del mismo modo que la industria
tabaquera financió investigaciones para poner en entredicho
la validez de las conclusiones estadísticas que mostraban
la vinculación entre el tabaco y el cáncer.
Se tiene que frenar este proceso del cambio climático reduciendo
las emisiones de los gases de efecto invernadero. Pero aún
cuando se estabilizara ya mismo las emisiones, la persistencia
de los gases en la atmósfera y la inerecia térmica
prolongarían el cambio climático por más
de un siglo. Sé podría abordar este problema a escala
mundial con un impuesto acordado globalmente, lo que no significa
un aumento en la fiscalidad total, sino simplemente un sustituto
en cada uno de los países de los impuestos actuales por
un impuesto a la contaminación, por dióxido de carbono.
Tiene mucho más sentido gravar lo dañino, como la
contaminación, que lo positivo como el ahorro y el trabajo.
Sólo tenemos un planeta y debemos conservarlo como un tesoro.
El calentamiento del planeta es un riesgo que no podemos permitirnos
el lujo de seguir desconociendo.
*Cristian
Frers, Técnico Superior en Gestión Ambiental y Comunicación
Social
fuente: Eco Sitio
CON
EL CLIMA NO SE JUEGA
*Por Raúl A. Montenegro
Todos los seres humanos vivimos en un planeta increíblemente
bello y de color azul que sobrevive en un sistema Solar inhóspito
y feroz. Aunque la Nasa envíe artefactos al espacio y unas
pocas personas hayan podido vivir en incómodas estaciones
orbitales, el 99,99% de la población y sus descendientes
solo tenemos la opción de seguir viviendo en la Tierra.
Haber llamado Homo sapiens a nuestra especie ("el que sabe")
muestra el involuntario sentido del humor que tuvo Linneo (1).
Desde hace unos 60.000 años, que es nuestra edad aproximada
como especie, nos empeñamos en vivir, y desde hace unos
10.000 en dejar huellas profundas. El planeta ya sufrió
5 grandes espasmos de extinción masiva en que la vida,
tenaz, volvió a recomponerse. Por primera vez un espasmo,
el sexto, no es producto de los meteoritos sino de nosotros mismos.
No sabemos vivir con la naturaleza porque nuestro sofisticado
experimento cerebral, neocorteza incluida, tampoco sirve demasiado
para que vivamos en grupos solidarios. Cada bombardeo que decide
George Bush, cada auto-bomba que estalla en Bagdad, cada derrame
de petróleo, cada desmonte y cada luz encendida inútilmente
en un hogar son muestra de la misma incapacidad. Tenemos sin embargo
la posibilidad de cambiar, y de ser coherentes con el nombre en
latín de nuestra especie. Pero lo que se acorta, y drásticamente,
es el tiempo y las posibilidades ecológicas de hacerlo.
Está claro que las advertencias de expertos y ecologistas
mueven muy poco a los políticos, y que la sociedad está
demasiado ocupada en sobrevivir, ya sea por tener casi nada (pobreza),
o demasiado (riqueza). Los humedales del sur de Nueva Orleáns
en Estados Unidos podían reducir la energía de las
grandes tormentas que venían del océano. En los
últimos años los negocios inmobiliarios y la falta
de planificación destruyeron un promedio de 100 kilómetros
cuadrados de humedal por año. Por otra parte los diques,
que mantenían artificialmente a la ciudad bajo el nivel
de aguas acumuladas, redujeron drásticamente los aportes
de sedimentos al delta del río Mississippi. En 1998 agencias
federales y del estado, incluida la EPA, la Agencia de Protección
Ambiental de los Estados Unidos, propusieron el Plan Coast 2050
"para recuperar los humedales de Louisiana" a un costo
de 14 mil millones de dólares. Pero el plan nunca se implementó.
Los funcionarios también sabían que los estudios
realizados por Ivor van Heerden, un experto en huracanes de la
Universidad Estatal de Louisiana, incluían un relevamiento
social donde el 21,4% de la población de Nueva Orleáns
declaró que ante la inminencia de un huracán no
dejarían sus hogares aunque los obligasen a hacerlo. Al
resto lo conoció el mundo entero. Katrina, los diques y
la estupidez gubernamental se combinaron con matemática
precisión. Irónicamente, mientras George Bush seguía
descalificando el Protocolo de Kyoto un alto funcionario del Pentágono
le encargaba a la consultora Global Business Network que definiera
en un informe el peor escenario mundial ante un cambio climático
abrupto.
Geográficamente Argentina está lejos de Nueva Orleáns
y de Bangladesh, pero vive el mismo cambio climático, y
tiene sus propios riesgos. Lo primero y más importante
es es asumirlos. En los últimos 100 años la temperatura
terrestre aumentó 0,6 °C, y el nivel de los océanos
creció, entre 1993 y 2005, a razón de 3 milímetros
por año. En los próximos 100 años la temperatura
podría aumentar de 1,4 a 5,8 grados centígrados.
Los mayores aumentos se registrarán a mayores latitudes
y alturas, por lo cual Argentina se ubica en zona crítica.
La temperatura media de la Tierra para el 2004 fue de 14,6 °C,
mientras que entre 1880 y 1900 las medias anuales estuvieron entre
14,0 y 13,4 °C. La principal causa es el aumento de dióxido
de carbono, cuya concentración en la atmósfera subió,
desde 1750, en un 31%, y continúa haciéndolo a una
tasa del 0,4% anual. El Protocolo de Kyoto y su maquinaria de
incentivos comerciales se acordó precisamente para reducir
la descarga de seis gases de invernadero, entre ellos dióxido
de carbono y metano. Pero sus mecanismos son sensibles a la corrupción
administrativa, y tienen demasiados intermediarios que harán
sin dudas muy buenos negocios.
Aunque los huracanes no se forman en Córdoba, son una poderosa
voz de alerta sobre los efectos del cambio climático, y
de la mala preparación social y gubernamental para enfrentarlos.
Internacionalmente se los clasifica siguiendo la escala de Suffir-Simpson,
de 1 (el menor) a 5 (el mayor). En la gran cuenca del caribe su
principal motor es la temperatura superficial del agua (TSS),
que pasa a ser crítica desde los 26 °C. Kerry Emanuel,
del MIT, estima que cada 2 grados de aumento de esa temperatura
incrementan la velocidad del viento en un 10%. La evolución
de los huracanes en los últimos 35 años fue estudiada
por P. Webster y sus colegas, del Instituto de Tecnología
de Georgia y del Centro Nacional de Investigación Atmosférica
(Estados Unidos). Comparando los períodos 1975-1989 con
1990-2004 observaron que su número creció de 38
huracanes a 49 en el Pacífico occidental, de 85 a 116 en
el Pacífico oriental, de 16 a 25 en el Atlántico
norte, de 10 a 22 en el Pacífico sudoeste, de 1 a 7 en
el Índico norte y de 23 a 50 en el Índico sur. Aunque
algunos autores son más cautos, la mayoría de los
investigadores advierte que los huracanes se están haciendo
más frecuentes y más intensos e incluso más
prolongados. El Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos
predijo para el 2005 unas 18 a 21 tormentas tropicales y 9 a 11
huracanes (de los cuales 5 a 7 con nivel 3 o mayor). Al 15 de
septiembre, faltando más de dos meses y medio para la finalización
del período de huracanes, ya se habían registrado
15 tormentas tropicales y 7 huracanes, tres de ellos con categoría
3 o mayor (Dennis, Emily y Katrina).
Los llamados de atención están, y los estudios también.
Más de 100 millones de personas en todo el mundo serían
afectadas por la suba del nivel del los mares, y la mayoría
sufre a distinta escala los cambios climáticos actuales.
Aparentemente estamos en un período interglaciar cálido
que ya lleva unos 10.000 años de duración. Es muy
posible que el próximo período sea frío,
y que el cambio climático haga aumentar, según los
lugares, las lluvias y las sequías, o haga subir y descender
las temperaturas regionales. Lo más previsible, sin embargo,
es la irregularidad.
Lo que habitualmente no se analiza es que los efectos son más
desastrosos cuando los ambientes naturales están destruidos
y modificados, y cuando se asientan personas en lugares de alto
riesgo. Argentina es un muestrario de lo que lo que no debe hacerse,
con tragedias ya ocurridas, como las inundaciones de Santa Fé
y San Carlos Minas, y tragedias en suspenso. Resistencia en Chaco,
por ejemplo, es una potencial Nueva Orleáns ante crecidas
excepcionales de los ríos Paraná y Negro. Al cambio
climático ya disparado no lo podemos detener mágicamente,
pero sí podemos estar mejor preparados.
La primera y más urgente medida es frenar todo tipo de
desmonte y destrucción de ambientes nativo. Cada hectárea
que se destruye reduce nuestra resistencia al cambio climático,
y cuesta la vida de cientos de personas en el futuro. La soja,
que salvó la economía post 2001, puede ser la peor
inversión ambiental del siglo XXI. Lo segundo es ordenar
el territorio para que en caso de inundación o sequía
los impactos sociales se minimicen. Lo tercero es asumirnos como
responsables, no solamente como afectados. Nuestro estilo de vida
con desigualdades sociales y despilfarro es el mejor prólogo
para desastres de todo tipo. Cuarto, debe reducirse la descarga
de gases de invernadero e implementarse con transparencia el Protocolo
de Kyoto (se advertirá que lo pusimos en cuarto lugar).
Si todos trabajamos para que estas cuatro acciones se vuelvan
realidades posiblemente no bajemos espectacularmente la temperatura
del planeta. Pero estaremos mejor preparados para resistir los
cambios que seguramente vendrán. No olvidemos, eso sí,
que palabras muy parecidas fueron dichas por muchos especialistas
antes de que Katrina y los diques rotos destruyeran Nueva Orleáns.
Definitivamente, con el clima no se juega.
Artículo
aparecido en forma parcial en el diario La Voz del Interior el
2 de octubre de 2005, página 2 F
fuente: FUNAM
(1) El sueco Carolus Linnaeus (1707-1778) desarrolló el
sistema de clasificación de los seres vivos que todavía
utilizamos.
Este material puede ser reproducido, citando el autor y la fuente.
Se ruega remitir una copia de lo publicado a funam@funam.org.ar
*Biólogo, presidente de FUNAM y Premio Nóbel
Alternativo 2004.
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